Vanidad de vanidades: la búsqueda de la belleza sin sentido

Por desacierto en la vida contemporánea, la búsqueda ancestral de la belleza se ha convertido, casi exclusivamente, en una fijación por ciertas imágenes fomentadas por los medios de comunicación y la publicidad y reforzada por las actitudes del público hacia la salud y el envejecimiento. Las ideas históricas sobre la belleza, las cuales resaltaban la perfección de nuestra naturaleza profunda, se han erosionado en esta cultura masiva hasta convertirse apenas en un asunto de “verse bien”, lo cual se consigue con el maquillaje correcto, el consejo correcto, el vestuario correcto y, si todo lo demás falla, el cirujano plástico indicado.

El resultado es que la sociedad ha perdido literalmente toda noción de lo que significa una persona bella y lo que necesita para llegar a serlo.

Al mismo tiempo, los avances de la medicina moderna nos han llevado a creer que podemos encontrar la eterna juventud en un frasco y liberarnos de la enfermedad por medio de píldoras.

El hombre occidental, tanto en sus estilos de vida como en sus políticas públicas, muestra una fe ciega y fanática en el poder de la ciencia para curar todos los males, independientemente de su causa. Muchas personas prefieren consumir medicametos con efectos secundarios tóxicos, e incluso someterse a una cirugía, antes que modificar su régimen alimenticio o deshacerse de unos cuantos hábitos nocivos. Además, nuestros médicos han sido formados en prácticas alopáticas, las cuales van dirigidas al tratamiento de la enfermedad aguda pero no a su prevenión. El suprimir químicamente los síntomas de la enfermedad o extirpar quirúrgicamente las partes enfermas, en realidad nos permite tener la apariencia de una buena salud sin estar verdaderamente saludables. Esta estrategia de tratamiento no es tan buena como parece, lo que hace es enmascarar ( y no sanar) el desequilibrio fisiológico fundamental.

Durante décadas, los occidentales han gastado muchísimo dinero al año buscando el “ingrediente mágico” para el cuidado de la piel, sin que hasta ahora lo hayan encontrado. Creo que jamás encontraremos la salud y la belleza en un frasco. Está claro que en una parte estos remedios pueden ayudar pero siempre y cuando haya un equilibrio que parta del interior de la persona. Es por ello que el secreto de la belleza duradera no está  fuera de nosotros, sino que emana de lo más profundo del cuerpo y de la mente…

Así pues, es evidente que las terapias dirigidas a sanar al individuo a un nivel emocional, se están conviertiendo en tratamientos de belleza. Todo lo que nos haga conectar con nuestro ser más profundo, nuestra paz, nuestro amor propio y nuestra autenticidad, va a fomentar en nosotros tanto la salud como la belleza en todas sus manifestaciones.

 

“La belleza no es una capa de barniz que cubre las cosas; no se encuentra a flor de piel; no es algo que se añade para hacer aceptable o bonita una cosa fea. La belleza, es parte de la naturaleza del objeto”.

 

 

 

Con Amor: Ariadna Farell

 

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